Tuesday, June 05, 2007

Los pájaros

Los pájaros envejecen
pero sus trinos no.

Qué extraño

Qué extraño ser yo. Qué extraño que me resulte extraño ser yo.

Monday, May 07, 2007

Incluso un reptil

¡No, no! Ya no vives. ¿Cómo es posible? Si hasta el más vil de los reptiles que mora en nuestras casas goza de la vida, y sin embargo tú no vivirás. No volverás nunca. Nunca.

Todo es siempre empezar

Todo es siempre empezar.
Volver a sostener la mirada sigue siendo empezar.
Y esta frente desnuda que expongo al viento incauto
gozando todavía de su caricia helada
es la frente de un héroe.

Monday, April 23, 2007

Como a un solo ser

A las cinco del día, en el invierno,
mi madre iba hasta el borde de mi cama
y me llamaba por mi nombre
y acariciaba mi rostro hasta despertarme.

Yo salía a la calle y aún no amanecía
y mis ojos parecían endurecerse de frío.

No era justo, aunque era hermoso
ir por las calles y escuchar mis pasos
y sentir la noche de los que dormían
y comprenderlos como a un solo ser,
como si descansaran de la misma existencia,
todos en el mismo sueño.

Monday, April 16, 2007

Que vengan

Las tres
de la madrugada.
Que vengan
esas grandes preguntas,
que ya tengo mis respuestas:
El viento
y la luvia
ahí fuera,
y aquí
al lado
tu respiración.

Friday, April 13, 2007

Tiempo

¿Quién puede vigilar siempre su pensamiento?

Todo parece que me desconoce. Qué extraño me siento... Veo toda la naturaleza como algo mío y ella me mira toda como algo ajeno, la flor, el vuelo, el mal olor, el mosquito. La sombra, la luz, la huida, ¿la llegada? ¿De quién huyo, qué me espera, a quién voy, naturaleza?

Nuestra vida entera no es más que una representación teatral en la luz del sol, la única comedia o tragedia que es al mismo tiempo teatro y verdad. Y qué verdad tan triste para el que es, al mismo tiempo, actor y espectador consciente. Y ¿cómo este actor, este espectador consciente ha de ser alegre ni gritón, sino melancólico y callado?

Me quedo fijo como aunado al resto, sin sensación de materia ajena ni propia. Como agua en agua; un todo que no se cambia. A esta hora mi ser es como una playa sola en la oscuridad, y el tiempo total de mi vida me invade como un mar que ha hecho serenidad todos mis naufragios. Cada recuerdo rompe en mí como una ola, una onda inmensa, y me llega hasta el último poro de mi totalidad saturándome de su sustancia condensada. Un recuerdo, otro, otro, con un ritmo lento y constante. No soy más que percepción, entrada, y el mundo restante invasión, salida en mí.

La inteligencia, que sólo ha servido para desviar lo natural en tantas cosas al hombre, ¿qué superioridad le ha dado al hombre sobre la bestia? Feliz el animal y desgraciado el hombre, fatalmente heredero ya para siempre del pecado original de la inteligencia.


(TIEMPO, de JUAN RAMÓN JIMÉNEZ. pasajes seleccionados por lucía cevallos espíndola)

Wednesday, April 11, 2007

Espacio

Los dioses no tuvieron más sustancia de la que tengo yo.

¿Por qué comemos y bebemos otra cosa que luz o fuego?

Y el idioma, ¡qué confusión!, qué cosas nos decimos sin saber lo que nos decimos.

¿Dónde está, matemático celeste, la suma que es el todo y que no acaba?

Esa música que suena en el fondo de todo, más allá; ella es la que me llama desde el mar, por la calle, en el sueño.

El mar no es más que gotas unidas, ni el amor que murmullos unidos, ni tú, cosmos, que cosmillos unidos. Lo más bello es el átomo último, el solo indivisible, y que por serlo no es ya más pequeño.

El riachuelo iba hablando bajo por aquel barranco, entre las tumbas, casas de las laderas verdes; valle dormido, valle adormilado. Todo estaba en su verde, en su flor.

Cómo se burla la naturaleza del hombre, de quien no la comprende como es.

Infancia, niño vuelvo a ser y soy, perdido, tan mayor, en lo más grande.

En el alambre de lo azul, el gorrión universal cantaba.

El sol estaba dentro de la luna y de mi cuerpo, el sol presente, el sol que nunca más me dejaría los huesos solos, sol en sangre y él.

En el principio fue el Destino, padre de la Acción y abuelo o bisabuelo o algo más allá, del Verbo.

Dentro de mí hay uno que está hablando, hablando, hablando ahora. No lo puedo callar, no se puede callar. Yo quiero estar tranquilo con la tarde, esta tarde de loca creación (no se deja callar, no lo dejo callar). Quiero el silencio en mi silencio, y no lo sé callar a éste, ni se sabe callar. ¡Calla, segundo yo, que hablas como yo y que no hablas como yo; calla, maldito!

Memoria son los sueños, pero no voluntad ni inteligencia.

Allí la vida está más cerca de la muerte, la vida que es la muerte en movimiento, porque es la eternidad de lo creado, el nada más, el todo, el nada más y el todo confundidos.

Conciencia… Conciencia, yo, el tercero, el caído, te digo a ti (¿me oyes, conciencia?). Cuando tú quedes libre de este cuerpo, cuando te esparzas en lo otro (¿qué es lo otro?), te acordarás de mí con amor hondo; ese amor hondo que yo creo que tú, mi tú y mi cuerpo se han tenido tan llanamente, con un convencimiento doble que nos hizo vivir un convivir tan fiel como el de un doble astro cuando nace en dos para ser uno? ¿Y no podremos ser por siempre, lo que es un astro hecho de dos?

¿No te apena dejarme? Y por qué te has de ir de mí, conciencia? ¿No te gustó mi vida? … ¿Qué sustancia le pueden dar los dioses a tu esencia, que no pudiera darte yo? … ¿Y te has de ir de mí tú, tú a integrarte en un dios, en otro dios que éste que somos mientras tú estás en mí?

(de ESPACIO, de JUAN RAMÓN JIMÉNEZ. pasajes seleccionados por saiz de marco)

Monday, April 02, 2007

El mal no es estridente

El mal no es estridente. No rechina. Lo aceptamos con silencio sumiso, con naturalidad. El mal es sostenible, amortizable.

Tuesday, March 27, 2007

Si un dios ha hecho este mundo

Vemos aparecer el dolor al mismo tiempo que la sensibilidad y crecer a medida que ésta se hace inteligente. Si un dios ha hecho este mundo, entonces yo no querría ser ese dios. Me desgarraría el corazón la miseria del mundo. Si imaginamos la existencia de un demonio creador, hay derecho a gritarle, mostrándole su obra: "¿Cómo te has atrevido a interrumpir el sacro reposo de la nada, para hacer surgir esta masa de desdichas y angustias?". Considerada la vida en su valor objetivo, es dudoso que sea preferible a la nada. Diría incluso que, si pudieran dejarse oír la experiencia y la reflexión, alzarían su voz a favor de la nada. Si se golpease en las losas de los sepulcros para preguntar a los muertos si desean resucitar, moverían la cabeza negativamente.

Compañero de miserias

La convicción de que el mundo y, por consiguiente, el hombre, son tales que no deberían existir, es idónea para llenarnos de indulgencia de unos hacia otros. En efecto: ¿qué se puede esperar de esta clase de seres? A veces me parece que la manera adecuada de saludarse de hombre a hombre, en vez de decir "señor" o "mister" o monsieur"..., pudiera ser "compañero de sufrimientos" o "compañero de miserias". Aunque parezca extraño, la expresión es ajustada y recuerda la necesidad de la tolerancia, de la paciencia, de la indulgencia, del amor al prójimo, ése sin el cual ninguno podría pasar y al que cada uno adeuda algo.

Thursday, March 22, 2007

Víctimas del desamor

Uno más entre un millón
en la misma encrucijada
en la misma dirección
en la misma madrugada

Víctimas del desamor
dan vueltas en la noche
hasta que vuelven a su casa
donde espera un trago más
la misma habitación desordenada

Un millón entre un millón
dos lenguajes diferentes
con identico final
la misma historia de siempre

Victimas del desamor
las bocas enmudecen y alguién lanza una plegaria
y después un trago más
la misma habitación desordenada

No sé por qué

No sé por qué soy tan triste. A vosotros y a mí igualmente nos trastorna, pero no sé cuándo ni dónde ni de qué modo la adquirí, ni de qué origen procede. Tanto se ha apoderado de mis sentidos la tristeza, que ni aun acierto a conocerme.

Monday, March 12, 2007

Aquella novia primera

Aquella novia primera
la que estrenó el alma mía
ella de alguna manera
es mi novia todavía.

Revive un tiempo que fuera
tiempo de amor encendido
y no recuerdo siquiera
si la quiero o la he querido.

Aquella novia primera
me regaló el primer beso
y las primeras ojeras
y los primeros excesos.

Amaneciendo desvelos
con el color de su nombre,
hice a mi orgullo relevo
al recibirme de hombre.

Por esa novia primera
abandoné la pandilla,
inauguré las esperas
y multitud de espinillas.

Dejaba todo por verla
y ella, coqueta, sabía
que yo, con tal de tenerla
conmigo, todo valía
desde faltar a la escuela
a la mayor cobardía.


Aquella novia primera
es la que todos tuvimos,
que nos dejó en la frontera
de lo que tanto quisimos.

Tormentos de adolescencia
que se adolecen andando,
tributos a la experiencia
que hay que seguirlos pagando.


Aquella novia primera
la que estrenó el alma mía
ella de alguna manera
es mi novia todavía.

Pero lo hice

Odiaba mirarme en aquel espejo pero lo hice. Vi depresión y derrota. Unas bolsas oscuras debajo de los ojos. Ojillos cobardes, los ojos de un roedor atrapado por un jodido gato.

Wednesday, March 07, 2007

Riesgos

La ternura es un campo minado
y en cualquier momento puede estallar
una llamarada de dolor
pero aún más peligroso es
no asumir riesgos y
permanecer a resguardo en las montañas
exponiéndose a morir
de frío.

Monday, March 05, 2007

Oh dicha de entender

Entonces ocurrió lo que no puedo olvidar ni comunicar. Ocurrió la unión con la divinidad, con el universo (no sé si estas palabras difieren). El éxtasis no repite sus símbolos: hay quien ha visto a Dios en un resplandor, hay quien lo ha percibido en una espada o en los círculos de una rosa. Yo vi una Rueda altísima, que no estaba delante de mis ojos, ni detrás, ni a los lados, sino en todas partes, a un tiempo. Esa Rueda estaba hecha de agua, pero también de fuego, y era (aunque se veía el borde) infinita. Entretejidas, la formaban todas las cosas que serán, que son y que fueron… Ahí estaban las causas y los efectos, y me bastaba ver esa Rueda para entenderlo todo, sin fin. ¡Oh dicha de entender, mayor que la de imaginar o la de sentir! Vi el universo y vi los íntimos designios del universo. Vi los orígenes que narra el Libro del Común. Vi las montañas que surgieron del agua, vi los primeros hombres de palo, vi las tinajas que se volvieron contra los hombres, vi los perros que les destrozaron las caras. Vi el dios sin cara que hay detrás de los dioses. Vi infinitos procesos que formaban una sola felicidad, y, entendiéndolo todo, alcancé también a entender la escritura del tigre.

Friday, February 16, 2007

Aquí tu madre y yo

Aquí, tu madre y yo, hijo, entre biombos, entre cocinas apagadas, entre anuncios, letra menuda y medicinas, qué solos, qué sin juntura, y el universo, que organizaba sus mayúsculas en torno a ti, y ahora es como el resto disperso de un naufragio. La vida asesinándote se ha dado muerte a sí misma, ha perdido su sentido y paga su crimen en tardes de sol en las que nadie cree y anocheceres de niebla donde nadie es feliz… Sillas de paja infantil, graves mecedoras, caballos de crin celeste me preguntan por ti, se preguntan por ti.

De tanto era capaz tu presencia

Madre, tú lo hiciste pequeño, tú fuiste quien lo empezó: para ti fue nuevo, tú colocaste sobre los ojos nuevos el mundo amistoso y retiraste el extraño. ¿Dónde quedaron los años en que apartabas de él, con sólo tu delgada figura, al caos que bulle? Así le ocultaste muchas cosas; el cuarto, sospechoso en las noches, se lo hiciste inofensivo; con tu corazón lleno de refugio añadiste a su espacio nocturno un espacio más humano. No en la oscuridad, no, sino dentro de tu ser más cercano, pusiste la lámpara que brillaba surgida de la amistad. En ningún lugar ni un crujido que no explicaras sonriendo, como si desde mucho tiempo atrás supieras cuándo las tablillas del suelo se comportan así. Y el te escuchó y se sosegó. De tanto era capaz tiernamente tu presencia.

Arrullar

¿Podría arrullar a esa niña meciéndola
con estas manos frías
empapadas de sol de otoño?

Duerme, duerme. Me alivias tanto.
A mí mismo me arrullo
cuando te duermo.

Friday, February 09, 2007

Sufro como hombre

Sufro como hombre, a la medida del hombre, con mis recursos y mi mecánica de hombre, pero dentro de mí, dentro de ese sufrimiento, hay algo más sufriente, una pulpa casi submarina de sollozo, un fondo último y retráctil de dolor al que temo descender, que no me atrevo a tocar. Es ya un sufrimiento como vegetal, el gemido de la flor rota, un dolor no humano, un miedo anterior al hombre, una medusa de espanto, no sé. Lo más sensible y doliente de lo vivo, el cartílago marino y vegetal, sin otra conciencia que el dolor, donde algo pulsa infinitamente, muy por debajo de mi dolor racional, mediocre, de hombre que sufre.

Monday, February 05, 2007

Nadie sabe que por eso está vivo

Nadie es perfecto, claro, y nadie sabe
que por eso está vivo, que le debe
la vida a sus defectos, que vivir
es tarea de astutos, de cobardes.


Si hemos sobrevivido a aquel dolor
que amenazaba con aniquilarnos
es porque no supimos sufrir como queríamos
y fuimos incapaces de fallecer en él.
O fue la vida, que se ama a sí misma
más que nosotros, la que lo impidió.


El miedo es, a menudo, un buen refugio.
La pereza protege. La cobardía salva.
Quizá exagero para que me entiendas:
si seguimos viviendo lo debemos
a no saber sentir, al deterioro
de nuestro asombro, al miedo
y a la astucia de los supervivientes.


Yo sé bien que la muerte se enamora
de los mejores, que se los lleva pronto.
Los demás olvidamos si podemos
que no somos lo que desearíamos,
que la memoria inventa lo vivido
para ayudarnos a seguir viviendo.


Todo nuestro saber es nuestra astucia
en adaptarse al medio, en ir tirando,
en adaptarse al miedo, en no morir.
Y así nos va, nos vamos
perdiendo el tiempo, devorando días
y llevando la vida que podemos
por no saber llevar la que soñamos.

Tuesday, January 30, 2007

Y a la vez

Un querer saber todo lo tuyo
y a la vez un temor de al fin saberlo.

En medio de un silencio

En medio de un silencio desierto como la calle antes del crimen
sin respirar siquiera para que nada turbe mi muerte
en esta soledad sin paredes
al tiempo que huyeron los ángulos
en la tumba del lecho dejo mi estatua sin sangre
para salir en un momento tan lento
en un interminable descenso
sin brazos que tender
sin dedos para alcanzar la escala que cae de un piano invisible
sin más que una mirada y una voz
que no recuerdan haber salido de ojos y labios
¿qué son labios? ¿qué son miradas que son labios?
Y mi voz ya no es mía
dentro del agua que no moja
dentro del aire de vidrio
dentro del fuego lívido que corta como el grito
Y en el juego angustioso de un espejo frente a otro
cae mi voz
y mi voz que madura
y mi voz quemadura
y mi bosque madura
y mi voz quema dura
como el hielo de vidrio
como el grito de hielo
aquí en el caracol de la oreja
el latido de un mar en el que no sé nada
en el que no se nada
porque he dejado pies y brazos en la orilla
siento caer fuera de mí la red de mis nervios
mas huye todo como el pez que se da cuenta
hasta ciento en el pulso de mis sienes
muda telegrafía a la que nadie responde
porque el sueño y la muerte nada tienen ya que decirse.

Monday, January 15, 2007

No mentir mucho

Hemos de procurar no mentir mucho.
Sé que a veces mentimos para no hacer un muerto,
para no hacer un hijo o evitar una guerra.

De pequeña mentía con mentiras de azúcar,
decía a las amigas: "Tengo cuarto de baño"
—mi casa era pobre con el retrete fuera—.
"Mi padre es ingeniero" y era sólo fumista,
pero yo le veía ingeniero ingenioso

Me costó la costumbre de arrancar la mentira,
me tejí un vestido de verdad que me cubre,
a veces voy desnuda.

Desde entonces me quedo sin hablar muchos días.

Monday, December 18, 2006

No quiero recordar

No quiero recordar
un instante feliz entre tormentos;
goce o pena es igual,
todo es triste al volver.

Aún va conmigo como una luz ajena
aquel destino niño,
aquellos dulces ojos juveniles,
aquella antigua herida.

No, no quisiera volver,
sino morir aún más,
arrancar una sombra,
olvidar un olvido.

Wednesday, December 13, 2006

Los niños lloran

Desde la escayola que hay debajo de la porcelana del bidé los niños lloran.
Desde el ángulo inverso al rincón oscuro de sus cuartos los niños lloran.
Desde los tejados sostenidos en el humo del pánico los niños lloran. Lloran con
la boca abierta, llena de grito. Lloran y nadie los oye llorar. Desde los socavones
envueltos en la piel de oso del viento los niños lloran. Desde dentro del capullo
ardiente de la rosa los niños lloran. Desde la diana de la tormenta de cristal y
hierro los niños lloran. Lloran y a nadie le importa que lloren. Lloran desde el
interior del átomo de mármol del silencio. Lloran porque nadie les explica
por qué se muere la tarde oscura de polvo. Lloran porque no encuentran en
la nube de azufre una mano caliente. Lloran. Lloran y nadie los ve llorar. En el
agujero de la capa de ozono hay un niño llorando. Y hay otro niño en el felpudo
del despacho. Y debajo del pie del misil. Desde debajo de los escombros de nuestra codicia, desde la tumba de nuestra conciencia, los niños lloran.

Tuesday, December 12, 2006

Opio... Opio... Opio, sí

La religión no es para resolver los conflictos económicos o políticos de este mundo que Dios entregó a las disputas de los hombres. Piensen los hombres y obren los hombres como pensaren y como obraren, que se consuelen de haber nacido, que vivan lo más contentos que puedan en la ilusión de que todo esto tiene una finalidad. Yo no he venido a someter los pobres a los ricos, ni a predicar a éstos que se sometan a aquéllos. Resignación y caridad en todos y para todos. Porque también el rico tiene que resignarse a su riqueza, y a la vida, y también el pobre tiene que tener caridad para con el rico. ¿Cuestión social? Deja eso, eso no nos concierne. Que traen una nueva sociedad, en que no haya ya ricos ni pobres, en que esté justamente repartida la riqueza, en que todo sea de todos, ¿y qué? ¿Y no crees que del bienestar general surgirá más fuerte el tedio a la vida? Sí, ya sé que uno de esos caudillos de la que llaman la revolución social ha dicho que la religión es el opio del pueblo. Opio... Opio... Opio, sí. Démosle opio, y que duerma y que sueñe.

Monday, December 11, 2006

Roma

Roma se derrite pesada y débil
y su cuerpo se encorva
para quebrarse lentamente
dolido por los años

Mi visión te nubla y te empobrece
te encana el cabello
que lentamente cae por tu figura
y te surca de estrellas
la mañana
que no renace hoy en ti
poética zona devastada

Y ahora
un resurgir te barre el moho
y derrumba las tinieblas
que te invaden bellas y románticas
y renaces
terca y aburrida

porque hoy floreces
viva de ruinas.

había destruido el equilibrio del día

Toda una playa vibrante de sol se apretaba detrás de mí. Di algunos pasos hacia el manantial. El árabe no se movió. A pesar de todo, estaba todavía bastante lejos. Parecía reírse, quizá por el efecto de las sombras sobre el rostro. Esperé. El ardor del sol me llegaba hasta las mejillas y sentí las gotas de sudor amontonárseme en las cejas. Era el mismo sol del día en que había enterrado a mamá y, como entonces, sobre todo me dolían la frente y todas las venas juntas bajo la piel. Impelido por este ardor que no podía soportar más, hice un movimiento hacia adelante. Sabía que era estúpido, que no iba a librarme del sol desplazándome un paso. Pero di un paso, un solo paso hacia adelante. Y esta vez, sin levantarse, el árabe sacó el cuchillo y me lo mostró bajo el sol. La luz se inyectó en el acero y era como una larga hoja centelleante que me alcanzara en la frente. En el mismo instante el sudor amontonado en las cejas corrió de golpe sobre mis párpados y los recubrió con un velo tibio y espeso. Tenía los ojos ciegos detrás de esta cortina de lágrimas y de sal. No sentía más que los címbalos del sol sobre la frente e, indiscutiblemente, la refulgente lámina surgida del cuchillo, siempre delante de mí. La espada ardiente me roía las cejas y me penetraba en los ojos doloridos. Entonces todo vaciló. El mar cargó un soplo espeso y ardiente. Me pareció que el cielo se abría en toda su extensión para dejar que lloviera fuego. Todo mi ser se distendió y crispé la mano sobre el revólver. El gatillo cedió, toqué el vientre pulido de la culata y allí, con el ruido seco y ensordecedor, todo comenzó. Sacudí el sudor y el sol. Comprendí que había destruido el equilibrio del día, el silencio excepcional de una playa en la que había sido feliz. Entonces, tiré aún cuatro veces sobre un cuerpo inerte en el que las balas se hundían sin que se notara. Y era como cuatro breves golpes que daban en la puerta de la desgracia.

He perdido la risa de mi hijo

La risa de mi hijo. He perdido la risa de mi hijo. ¿Cuánto hace que no sonríe? En este mismo diario tengo escrito, me parece, que a la cripta que es un niño sólo se llega por la celosía de su risa. Mi hijo no ha vuelto a reír ni a sonreír. Su seriedad banal de otras veces resulta que presagiaba esta seriedad definitiva, esta manera de ser adulto que le da la enfermedad a un niño. Y beso su vientre todavía abultado, caliente, con ese agujero saludable de los buenos quesos, que es el ombligo, y beso ahí un bulto de vida, un dulce fardel de sangre, de intestinos, de digestiones, de respiración, el último reducto poderoso y tierno de sus palpitaciones. El niño, ya, es sagrado. Sé, como sabía el poeta, que la vida no es noble, ni buena, ni sagrada, y no hallo nada que respetar ni venerar en el cielo ni en la tierra, ni un solo ser, ni un solo hombre merecen mi devoción desde hace mucho tiempo, pero gracias a este hijo tenido y perdido habrá ya para siempre en mí, en lo más puro de la luz, en el resplandor de lo inexistente, un ser sagrado, una criatura de oro, de modo que el hijo se constituye en criatura aparte de la creación, en relámpago de la sacralidad que no se ha dado jamás en todo el universo.

Plántame

Después de la tormenta un árbol flotando con todas sus raíces blancas peludas un árbol arrancado de cuajo tumbado arrastrado por la corriente río abajo con sus ramas me suplicaba plántame y yo lo siento amigo soy parvo y medroso pero ojalá que luego alguien más grande o valiente te quiera ayudar.

¿no hay lucha ni justicia?

Este concepto de lucha es un concepto antropomórfico. Claro, llamamos a todos los conflictos lucha, porque es la idea humana que más se aproxima a esa relación que para nosotros produce un vencedor y un vencido. Si no tuviéramos este concepto en el fondo, no hablaríamos de lucha. La hiena que monda los huesos de un cadáver, la araña que sorbe una mosca, no hace más ni menos que el árbol bondadoso llevándose de la tierra el agua y las sales necesarias para su vida. El espectador indiferente, como yo, ve a la hiena, a la araña y al árbol, y se los explica. El hombre justiciero le pega un tiro a la hiena, aplasta con la bota a la araña y se sienta a la sombra del árbol, y cree que hace bien.

-Entonces, ¿para usted no hay lucha ni hay justicia?

-En un sentido absoluto, no; en un sentido relativo, sí. Todo lo que vive tiene un proceso para apoderarse primero del espacio, ocupar un lugar, luego para crecer y multiplicarse; este proceso de la energía de un vivo contra los obstáculos del medio, es lo que llamamos vida. Respecto de la justicia, yo creo que lo justo en el fondo es lo que nos conviene. Supón en el ejemplo de antes que la hiena en vez de ser muerta por el hombre mata al hombre, que el árbol cae sobre él y le aplasta, que la araña le hace una picadura venenosa, pues nada de eso nos parece justo, porque no nos conviene. A pesar de que en el fondo no haya más que esto, un interés utilitario ¿quién duda que la idea de justicia y de equidad es una tendencia que existe en nosotros? ¿Pero cómo la vamos a realizar? … Ante la vida no hay más que dos soluciones prácticas para el hombre sereno: o la abstención y la contemplación indiferente de todo o la acción limitándose a un círculo pequeño. Es decir, que se puede tener el quijotismo contra una anomalía; pero tenerlo contra una regla general es absurdo.

-De manera que, según usted, el que quiera hacer algo tiene que restringir su acción justiciera a un medio pequeño.

-Claro, a un medio pequeño, tú puedes abarcar en tu contemplación la casa, el pueblo, el país, la sociedad, el mundo, todo lo vivo y todo lo muerto; pero si intentas realizar una acción, y una acción justiciera, tendrás que restringirte hasta el punto de que todo te vendrá ancho, quizá hasta la misma conciencia.

-Es lo que tiene de bueno la filosofía -dijo Andrés con amargura-; le convence a uno de que lo mejor es no hacer nada.

Sunday, December 10, 2006

La perra

Tenía un perrilla perdiguera -la Chispa-, medio ruin, medio bravía, pero que se entendía muy bien conmigo; con ella me iba muchas mañanas hasta la Charca, a legua y media del pueblo hacia la raya de Portugal, y nunca nos volvíamos de vacío para la casa. Al volver, la perra se me adelantaba y me esperaba siempre junto al cruce; había allí una piedra redonda y achatada como una silla baja, de la que guardo tan grato recuerdo como de cualquier persona; mejor, seguramente, que el que guardo de muchas de ellas. La perrilla, se sentaba enfrente de mí, sobre sus dos patas de atrás, y me miraba, con la cabeza ladeada, con sus dos ojillos castaños muy despiertos; yo le hablaba y ella, como si quisiera entenderme mejor, levantaba un poco las orejas; cuando me callaba aprovechaba para dar unas carreras detrás de los saltamontes, o simplemente para cambiar de postura. Cuando me marchaba, siempre, sin saber por qué, había de volver la cabeza hacia la piedra, como para despedirme, y hubo un día que debió parecerme tan triste por mi marcha, que no tuve más suerte que volver mis pasos a sentarme de nuevo... La perra volvió a echarse frente a mí y volvió a mirarme; ahora me doy cuenta de que tenía la mirada de los confesores, escrutadora y fría, como dicen que es la de los linces... Un temblor recorrió todo mi cuerpo; parecía como una corriente que forzaba por salirme por los brazos. El pitillo se me había apagado; la escopeta de un solo caño, se dejaba acariciar, lentamente, entre mis piernas. La perra seguía mirándome fija, como si no me hubiera visto nunca, como si fuese a culparme de algo de un momento a otro, y su mirada me calentaba la sangre de las venas de tal manera que se veía llegar el momento en que tuviese que entregarme; hacía calor, un calor espantoso, y mis ojos se entornaban dominados por el mirar, como un clavo, del animal... Cogí la escopeta y disparé; volví a cargar y volví a disparar. La perra tenía una sangre oscura y pegajosa que se extendía poco a poco por la tierra.

Tuesday, December 05, 2006

nuestro dios se llama Abraxas

-Desde hace un año sientes en ti un instinto, que pasa por «prohibido», más fuerte que todos los demás. Los griegos y muchos otros pueblos, en cambio, han divinizado este instinto y lo han venerado en grandes fiestas. Lo «prohibido» no es algo eterno; puede variar. También hoy cualquiera puede acostarse con una mujer si antes ha ido al sacerdote y se ha casado con ella. En otros pueblos es de otra manera. Por eso cada uno tiene que descubrir por sí mismo lo que le está prohibido. Se puede ser un gran canalla y no hacer jamás algo prohibido. Y viceversa. Probablemente es una cuestión de comodidad. El que es demasiado cómodo para pensar por su cuenta y erigirse en su propio juez, se somete a las prohibiciones, tal como las encuentra. Eso es muy fácil. Pero otros sienten en sí su propia ley; a esos les están prohibidas cosas que los hombres de honor hacen diariamente y les están permitidas otras que normalmente están mal vistas. Cada cual tiene que responder de sí
mismo.

De pronto, como si se arrepintiera de haber hablado tanto, enmudeció…

Recuerdo otra escena que viví con Max Demian en aquellos tiempos aún semiinfantiles y que me impresionó vivamente. Se acercaba la fecha de nuestra confirmación. Las últimas clases de religión trataban de la comunión. El pastor dio mucha importancia al tema, cuidó mucho sus explicaciones y consiguió que en estas últimas clases hubiera un cierto ambiente de unción religiosa. Sin embargo, precisamente entonces mis pensamientos se concentraban en otra cosa: en la persona de mi amigo. Esperando la confirmación, que se nos explicaba como solemne acogida en la comunidad de la Iglesia, yo pensaba constantemente que el valor de aquel medio año de enseñanza religiosa no estaba en lo que había aprendido sino en la proximidad e influencia de Demian. No me preparaba a ser recibido en la Iglesia, sino en algo muy distinto: en una orden del pensamiento y de la personalidad que tenía que existir sobre la tierra y cuyo enviado o emisario consideraba yo a mi amigo. Intenté rechazar aquella idea porque sería vivir, a pesar de todo, la ceremonia de la confirmación con cierta dignidad, que me parecía poco compatible con mis nuevos pensamientos. Pero fue en vano: el pensamiento estaba ahí y lentamente se fue uniendo al de la cercana ceremonia religiosa. Estaba dispuesto a celebrarla de manera distinta a los demás.

No puedo resumir en pocas palabras lo que el extraño músico Pistorius me enseñó
sobre Abraxas. Lo más importante que aprendí de él fue a dar un nuevo paso en el
camino hacia mí mismo. Yo era entonces, con mis dieciocho años, un chico poco
corriente, precoz en unos sectores y muy retrasado y desorientado en otros. Cuando me comparaba con los demás, me sentía unas veces orgulloso y satisfecho de mí mismo
pero otras deprimido y humillado. Unas veces me consideraba un genio, otras un loco.
No conseguía compartir las alegrías y la vida de mis compañeros, y me hacía reproches y cábalas como si estuviera irremediablemente separado de ellos y se me negara la vida. Pistorius, que era un extravagante declarado, me enseñó a tener valor y respeto de mí mismo. Él me dio ejemplo encontrando siempre algo valioso en mis palabras, sueños, fantasías y pensamientos, que tomaba siempre en serio y discutía con interés.

-Me ha dicho usted que le gusta la música porque no es moral. De acuerdo. ¡Entonces, no tiene usted que empeñarse en ser moralista! No debe compararse con los demás; y si la naturaleza le ha creado como murciélago, no pretenda ser un avestruz. A veces se considera raro, se acusa de andar por otros caminos que la mayoría. Eso tiene que olvidarlo. Mire al fuego, observe las nubes; y cuando surjan los presagios y comiencen a hablar las voces de su alma, entréguese usted a ellas sin preguntarse
primero si le parece bien o le gusta al señor profesor, al señor padre o a no sé qué buen Dios. Así uno se estropea, desciende a la acera y se convierte en fósil. Querido Sinclair, nuestro dios se llama Abraxas, y es dios y diablo; abarca el mundo oscuro y el claro. Abraxas no tiene nada que objetar a ninguno de sus pensamientos, a ninguno de sus sueños. No lo olvide. …No hay que temer nada ni creer ilícito nada de lo que nos pide el alma.

Asustado, objeté:

-¡Pero no se puede hacer todo lo que a uno le apetece! ¡No se puede matar a un
hombre porque a uno le resulta desagradable!

Se acercó más a mí:

-En determinadas circunstancias se puede hasta eso. Pero la mayoría de las veces se
trata de un error. Yo no digo que usted haga todo lo que le pase por su mente. No. Pero tampoco debe usted envenenar las ideas, reprimiéndolas y moralizando en torno a ellas, porque tienen su sentido. En vez de clavarse a sí mismo o a otro en una cruz, se puede beber vino de una copa con pensamientos elevados, pensando en el misterio del sacrificio. Se puede también, sin estas ceremonias, tratar los propios instintos, las llamadas tentaciones de la carne, con amor y respeto; entonces nos descubren su sentido porque todas tienen sentido. Cuando se le vuelva a ocurrir algo muy aberrante o pecaminoso, Sinclair, cuando desee de pronto matar a alguien o cometer no sé qué monstruosidad inconmensurable, piense un momento que es Abraxas el que está fantaseando en su interior. El hombre a quien quiere matar nunca es fulano o mengano; seguramente es sólo un disfraz. Cuando odiamos a un hombre, odiamos en su imagen algo que se encuentra en nosotros mismos. Lo que no está dentro de nosotros mismos no nos inquieta.

Nunca había dicho Pistorius nada que me llegara tan hondo. No pude contestar nada.

Si esto es ser humano

El robot miró dentro de sí, y reflejado en los circuitos de su logos positrónico, contempló la condición humana como realmente era y se ofrecía a su alcance. Retractó la cabeza moldeada de bronce y hierro y musitó palabras sin música, y de asombro parpadearon las luces de sus células pues saboreó el robot el asco de verse en un tris de saberse humano, y conoció en su trayecto gritos de furia y sangre, torturas, extorsiones, labios lapidados por los besos de la muerte, y presenció suicidios, matanzas, fraudes, disparos al alba sobre las tapias de un cementerio, mentiras que significaban vidas, hambre, y comprendió de monopolios y armas pasadas de mano en mano, de cuchillos en la oscuridad hundidos en vientres pestilentes y revólveres vaciados sobre el cráneo de otros hombres como spray sobre un insecto, y observó miedo, locura, intransigencia, amistades partidas por el trasfondo de una hembra, asesinatos, revanchas, depuraciones, pubertades segadas como una flor abierta a la depravación y el desengaño, y lloró los etnocidios, las batallas, las condecoraciones de la gloria, la pobreza, medias palabras falsas que se decían de amor, y entendió de orgullos, crueldad, intolerancia, corrupción, odio y archivó incestos, calibró miseria, verificó crueldades, las mil caras del horror en todas sus formas, y un caudal de lágrimas metálicas desbordó sus ojos cargados con la inocencia de una nube, y acercó el robot los dedos táctiles al lugar donde bullía su corazón de cuarzo, y presionó con fuerza sobre la caja mágica de donde obtenía la inspiración, y mientras temblaba la carcasa de su cuerpo ante el out-put que le segaba el alma y anulaba la condición a la que pudo acceder por un momento, el robot pensó si esto es ser humano yo no lo quiero, si así es la vida del hombre no me interesa.

Friday, December 01, 2006

En cierto patio que ya no existe

Bruscamente la tarde se ha aclarado porque ya cae la lluvia minuciosa. Cae o cayó. La lluvia es una cosa que sin duda sucede en el pasado... Esta lluvia que ciega los cristales alegrará en perdidos arrabales las negras uvas de una parra en cierto patio que ya no existe. La mojada tarde me trae la voz, la voz deseada, de mi padre que vuelve.

El mundo se espuma

El niño y la risa. La risa del niño. Su risa triunfa de la muerte. Cuando el niño ríe, el mundo se espuma, la vida se aligera y el sol se enciende. Pasa su risa como un agua ligera por encima de las cosas, riza la luz, alegra el día y establece una continuidad sencilla entre los seres que no puede ser destruida por nada. La risa siempre es comunicativa, funde a los seres unos con otros, los enjabona de contigüidad, pero con los adultos hay otros lenguajes. El máximo lenguaje, para con el niño, es la risa. Llegar a su risa, conectar con su risa, provocarla o compartirla, es haber entrado en lo más infante del niño, en lo más niño de la infancia. La risa es su gran lenguaje, el primero y el más profundo, y sólo aspiro ya a encontrar la risa de mi hijo, a hacerla correr, a escucharla de lejos y de cerca.

Todo eso sale de mi taza

En cuanto reconocí el sabor del pedazo de magdalena mojado en tila que mi tía me daba (aunque todavía no había descubierto y tardaría mucho en averiguar por qué ese recuerdo me daba tanta dicha), la vieja casa gris con fachada a la calle, donde estaba su cuarto, vino como una decoración de teatro a ajustarse al pabelloncito del jardín que detrás de la fábrica principal se había construido para mis padres, y en donde estaba ese truncado lienzo de casa que yo únicamente recordaba hasta entonces; y con la casa vino el pueblo, desde la hora matinal hasta la vespertina y en todo tiempo, la plaza, adonde me mandaban antes de almorzar, y las calles por donde iba a hacer recados, y los caminos que seguíamos cuando hacía buen tiempo. Y como ese entretenimiento de los japoneses que meten en un cacharro de porcelana pedacitos de papel, al parecer, informes, que en cuanto se mojan empiezan a estirarse, a tomar forma, a colorearse y a distinguirse, convirtiéndose en flores, en casas, en personajes consistentes y cognoscibles, así ahora todas las flores de nuestro jardín y las del parque del señor Swann y las ninfeas del Vivonne y las buenas gentes del pueblo y sus viviendas chiquitas y la iglesia y Combray entero y sus alrededores, todo eso, pueblo y jardines, que va tomando forma y consistencia, sale de mi taza de té.

Thursday, November 30, 2006

Fuiste joven

Fuiste joven
pero nunca lo supiste
hasta hoy, que el ave ha huido
de tu mano.

Wednesday, November 29, 2006

Sólo encontré una verdad en la vida

Sólo encontré una verdad en la vida, hijo, y eras tú. Sólo encontré una verdad en la vida y la he perdido. Vivo de llorarte en la noche con lágrimas que queman la oscuridad. Soldadito rubio que mandaba en el mundo, te perdí para siempre. Tus ojos cuajaban el azul del cielo. Tu pelo doraba la calidad del día. Lo que queda después de ti, hijo, es un universo fluctuante, sin consistencia, como dicen que es Júpiter, una vaguedad nauseabunda de veranos e inviernos, una promiscuidad de sol y sexo, de tiempo y muerte, a través de todo lo cual vago solamente porque desconozco el gesto que hay que hacer para morirse. Si no, haría ese gesto y nada más.
Qué estúpida la plenitud del día. ¿A quién engaña este cielo azul, este mediodía con risas? ¿Para quién se ha urdido esta inmensa mentira de meses soleados y campos verdes? ¿Por qué este vano rodeo de la muerte por las costas de la primavera? El sol es sórdido y el día resplandece de puro inútil, alumbra de puro vacío, y en el cabeceo del mundo bajo un viento banal sólo veo la obcecación vegetal de la vida, su torpeza de planta ciega. El universo se rige siempre por la persistencia, nunca por la inteligencia. No tiene otra ley que la persistencia. Sólo el tedio mueve las nubes en el cielo y las olas en el mar.

Tuesday, November 28, 2006

Agonía

Soy el que ya comienza a no existir
y el que solloza todavía.
Qué cansancio ser dos inútilmente.

Se equivoca de camino

Se equivoca de camino aquel que busca agradar a este vano mundo, pues cuántas veces tiene que mostrar que goza cuando dentro de sí padece. Y en sus momentos más dulces parecer triste y amargo. Al ciego mundo debe complacer, y entregar sus profundidades y sus presentes a quien no merece recibirlos. Y a los errores de los ignorantes asentir con el látigo de sus mentiras.

Remordimiento

He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he sido feliz. Que los glaciares del olvido me arrastren y me pierdan, despiadados. Mis padres me engendraron para el juego arriesgado y hermoso de la vida, para la tierra, el agua, el aire, el fuego. Los defraudé. No fui feliz. Cumplida no fue su joven voluntad. Mi mente se aplicó a las simétricas porfías del arte, que entreteje naderías. Me legaron valor. No fui valiente. No me abandona, siempre está a mi lado la sombra de haber sido un desdichado.

Te quiero porque no sos mía

No te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos..., te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invistas a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames..., me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado.

Habían soñado sueños distintos

Habían dormido con las cabezas tocándose y ahí, en esa inmediatez física, en la coincidencia casi total de las actitudes, las posiciones, el aliento, la misma habitación, la misma almohada, la misma oscuridad, el mismo tictac, los mismos estímulos de la calle y la ciudad, las mismas radiaciones magnéticas, la misma marca de café, la misma conjunción estelar, la misma noche para los dos, ahí estrechamente abrazados, habían soñado sueños distintos, habían vivido aventuras disímiles, el uno había sonreído mientras la otra huía aterrada, el uno había vuelto a rendir un examen de álgebra mientras la otra llegaba a una ciudad de piedras blancas... Durante mucho tiempo esperó un milagro, que el sueño que Talita iba a contarle por la mañana fuese también lo que él había soñado... Traveler siguió confiando y esperando cada vez menos. Los sueños volvieron, cada uno por su lado. Las cabezas dormían tocándose y en cada una se alzaba el telón sobre un escenario diferente. Traveler pensó irónicamente que parecían los cines contiguos de la calle Lavalle, y alejó del todo su esperanza. No tenía ninguna fe en que ocurriera lo que deseaba, y sabía que sin fe no ocurriría. Sabía que sin fe no ocurre nada de lo que debería ocurrir, y con fe casi siempre tampoco.

Déjame entrar

Y no le hablo con las palabras que sólo han servido para no entendernos, ahora que ya es tarde empiezo a elegir otras, las de ella, las envueltas en eso que ella comprende y que no tiene nombre, auras y tensiones que crispan el aire entre dos cuerpos... ¿Pero no hemos vivido así todo el tiempo, lacerándonos dulcemente? No, no hemos vivido así, ella hubiera querido pero una vez más yo volvía a sentar el falso orden que disimula el caos, a fingir que me entregaba a una vida profunda de la que sólo tocaba el agua terrible con la punta del pie. Hay ríos metafísicos, ella los nada como esa golondrina está nadando en el aire, girando alucinada en torno al campanario, dejándose caer para levantarse mejor con el impulso. Yo describo y defino y deseo esos ríos, ella los nada. Yo los busco, los encuentro, los miro desde el puente, ella los nada. Y no lo sabe, igualita a la golondrina. No necesita saber como yo, puede vivir en el desorden sin que ninguna conciencia de orden la retenga. Ese desorden que es su orden misterioso, esa bohemia del cuerpo y el alma que le abre de par en par las verdaderas puertas. Su vida no es desorden más que para mí, enterrado en prejuicios que desprecio y respeto al mismo tiempo. Yo, condenado a ser absuelto irremediablemente por la Maga que me juzga sin saberlo. Ah, dejame entrar, dejame ver algún día como ven tus ojos.

Vos sos como un testigo

Vos sos como un testigo, sos el que va al museo y mira los cuadros. Quiero decir que los cuadros están ahí y vos en el museo, cerca y lejos al mismo tiempo. Yo soy un cuadro, Rocamadour es un cuadro, Etienne es un cuadro, esta pieza es un cuadro. Vos creés que estás en esta pieza pero no estás. Vos estás mirando la pieza, no estás en la pieza.

Monday, November 27, 2006

Caballo de feria

Caballo de feria
sin paso
sin senda
sin rumbo
sin meta
pero un niño a cuestas.

Wednesday, November 22, 2006

¿hay mayor necedad?

Cien veces he querido suicidarme, pero me sentía con apego a la vida. Acaso esta ridícula flaqueza sea una de nuestras propensiones más funestas: ¿hay mayor necedad que empeñarse en llevar continuamente encima una carga que siempre anhela uno tirar por tierra; horrorizarse de su existencia y querer existir; acariciar la serpiente que nos devora hasta que nos haya comido el corazón?

Tristeza

Tristeza, pues yo soy tuyo
no dejes tú de ser mía.
Mira bien que me destruyo
con ver sólo a la alegría
pretendiendo hacerme suyo.

En el lugar equivocado en el momento equivocado

Pero conozco la historia y las leyendas. Y me han enseñado que, en los momentos importantes, siempre aparece alguien destinado a ser un héroe. Tal vez no lo esperaba, tal vez jamás soñó que caería sobre sus hombros semejante responsabilidad, tal vez simplemente estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado. Pero estas cosas pasan.

La pantera

Tras los fuertes barrotes la pantera
repetirá el monótono camino
que es (pero no lo sabe) su destino
de negra joya, aciaga y prisionera.

Son miles las que pasan y son miles
las que vuelven, pero es una y eterna
la pantera fatal que en su caverna
traza la recta que un eterno Aquiles
traza en el sueño que ha soñado el griego.

No sabe que hay praderas y montañas
de ciervos cuyas trémulas entrañas
deleitarían su apetito ciego.

En vano es vario el orbe. La jornada
que cumple cada cual ya fue fijada.

¿Acaso lo pedí?

¿Acaso os pedí, Creador, desde mi arcilla, que me modelarais? ¿Acaso os solicité que me sacarais de las tinieblas?

Espeluy

Tarde plana en el tren. Vagón de no fumadores. Se incorporan viajeros. Se animan a hablar. Uno dice que viaja para poner orden en un asunto de familia, ajustar cuentas con alguien y dar un escarmiento.

Al acercarse a su destino afloran nervios. Saca un cigarro, lo enciende.

Miradas de soslayo, murmullos. Uno le recuerda que no puede fumar. Los demás se unen, forman un grupo, le exigen que apague el cigarro.

Tensión.

El hombre se levanta, planta cara al grupo, les reta a decidir quién va a quitarle el cigarro.

Viaja también una madre con su bebé. Esta mujer dirige al fumador una mirada tierna, como la que mostrará a su hijo cuando un día le sorprenda en una travesura. El niño también mira al fumador, y sonríe.

El hombre apaga el cigarro, se sienta. Vuelve la calma.

Tras el viaje dos personas estrechan sus manos, comparten perdón.

Hemorragia interna

Entra en la habitación del hospital como si temiera llegar tarde a una cita. Mira al enfermo y éste, tras la mascarilla y los tubos, reacciona con sorpresa. El visitante y el hombre encamado se estrechan las manos, fuerte, largamente, hablándose con la mirada. El silencio lo ocupa todo, así que la hija del enfermo tiene que salir. Fuera, la muchacha identifica a aquel hombre como el viejo amigo de su padre. Recuerda las charlas y risas de ambos, años atrás, cuando ella era pequeña. Ahora el visitante sale abatido al pasillo. Se acerca a la muchacha y dice: “Dejamos de hablarnos hace años. No recuerdo el motivo. Por una sandez…”. Se gira y echa a andar, haciendo gesto de despedirse con una mano y llevándose la otra a los ojos.

Tuesday, November 21, 2006

Despacio

Despacio porque no sé
dónde quiero ir.
Hay entre mí y mis pasos
una divergencia instintiva.
Hay entre quien soy y estoy
una diferencia de verbo
que se corresponde con la realidad.

Variación

Y al conocer a su hermana o a su padre o a otro familiar cercano descubrimos que lo que en la persona amada nos gusta y creemos tocado de gracia (la forma de la nariz, sus ojos, su mentón...), en su madre o en su hermano presenta un rasgo que reconocemos pero que está prolongado, con un añadido o variación que sobran y desagradan, como si fueran una caricatura del rostro que amamos.

Hijo soy

Hijo soy de mi hijo:
él me rehace.

Monday, November 20, 2006

El olvido te ocupa todo el tiempo

El olvido no es que algo se borre en la memoria,
el olvido te ocupa todo el tiempo, a la hora del trabajo o del aseo, cuando comes o rezas no te olvidas de olvidar.
nadie repite, no hay regresos, lo sabemos, pero no descanso de olvidarte,
me gasto cada noche entera contigo, olvidándote. Tú bien lejos y yo aquí contigo
Te expulso de mí, te exorcizo, te llamo a cada segundo para que salgas de mi alma, para que tu fantasma no me anule.
Ah, nuestros momentos de dicha quedan demasiado lejos y ya no me justifican los insomnios de este olvido minucioso.
Se me va un día entero olvidando cada minuto de nosotros.

Adiós

Muchachos
que nunca fuisteis compañeros de mi vida,
adiós.
Que no seréis nunca compañeros de mi vida,
adiós.
Mano de viejo mancha
el cuerpo juvenil si intenta acariciarlo.
Con solitaria dignidad el viejo debe
pasar de largo junto a la tentación tardía.
Qué dulce hubiera sido
en vuestra compañía vivir un tiempo:
Bañarse juntos en aguas de una playa caliente,
compartir bebida y alimento en una mesa,
sonreír, conversar, pasearse
mirando cerca, en vuestros ojos, esa luz y esa música.
Adiós, adiós, compañeros imposibles.

Disuelto

Ese vino al que me invitaste
ha disuelto las penas
de mi corazón.

Triste es

¡Hay tranta tristeza en recordar la alegría!

Mi pena

Mi pena es muy mala
porque es una pena
que yo no quisiera
que se me quitara.

Cuando llegue la primavera

Cuando llegue la primavera,
si ya me he muerto,
florecerán las flores del mismo modo
y los árboles no serán menos verdes que la primavera pasada.
La realidad no me necesita.
Siento una enorme alegría
al pensar que mi muerte no tiene ninguna importancia.

¿es que no habrá ningún plan?

Ir a un sentido de justicia universal es perderse; adaptando el principio de Fritz Müller de que la embriología de un animal reproduce su genealogía, o como dice Haeckel, que la ontogenia es una recapitulación de la filogenia, se puede decir que la psicología humana no es más que una síntesis de la psicología animal. Así se encuentran en el hombre todas las formas de la explotación y de la lucha: la del microbio, la del insecto, la de la fiera... Ese usurero que me has descrito, el tío Miserias, ¡qué de avatares no tiene en la zoología! Ahí están los acinétidos chupadores que absorben la sustancia protoplasmática de otros infusorios; ahí están todas las especies de aspergilos que viven sobre las sustancias en descomposición. Estas antipatías de gente maleante, ¿no están admirablemente representadas en ese antagonismo irreductible del bacilo del pus azul con la bacteridia carbuncosa?
-Sí, es posible -murmuró Andrés.
-Y entre los insectos, ¡qué de tíos Miserias!, ¡qué de Victorios!, ¡qué de Manolos los Chafandines no hay! Ahí tienes el ichneumon, que mete sus huevos en una lombriz y la inyecta una sustancia que obra como el cloroformo; el sphex, que coge las arañas pequeñas, las agarrota, las sujeta y envuelve en la tela y las echa vivas en las celdas de sus larvas para que las vayan devorando; ahí están las avispas, que hacen lo mismo arrojando al spoliarium que sirve de despensa para sus crías, los pequeños insectos paralizados por un lancetazo que les dan con el aguijón en los ganglios motores; ahí está el estafilino que se lanza a traición sobre otro individuo de su especie, le sujeta, le hiere y le absorbe los jugos; ahí está el meloe, que penetra subrepticiamente en los panales de las abejas, se introduce en el alvéolo en donde la reina pone su larva, se atraca de miel y luego se come a la larva; ahí está...
-Sí, sí, no siga usted más; la vida es una cacería horrible.
-La naturaleza, cuando trata de reventar a uno, lo revienta a conciencia. La justicia es una ilusión humana; en el fondo todo es destruir, todo es crear. Cazar, guerrear, digerir, respirar, son formas de creación y de destrucción al mismo tiempo.
-Y entonces, ¿qué hacer? -murmuró Andrés-. ¿Ir a la inconsciencia? ¿Digerir, guerrear, cazar, con la serenidad de un salvaje?
-¿Crees tú en la serenidad del salvaje? -preguntó Iturrioz-. ¡Qué ilusión! Eso también es una invención nuestra. El salvaje nunca ha ido sereno.
-¿Es que no habrá ningún plan para vivir con cierto decoro? -preguntó Andrés.
-El que lo tiene es porque ha inventado uno para su uso. Yo hoy creo que todo lo natural, que todo lo espontáneo es malo; que sólo lo artificial, lo creado por el hombre, es bueno. Si pudiera viviría en un club de Londres, no iría nunca al campo sino a un parque, bebería agua filtrada y respiraría aire esterilizado...
Andrés ya no quiso atender a Iturrioz, que comenzaba a fantasear por entretenimiento. Se levantó y se apoyó en el barandado de la azotea.
Sobre los tejados de la vecindad revoloteaban unas palomas; en un canalón grande corrían y jugueteaban unos gatos.
Andrés se fue a la calle.
¿Qué hacer? ¿Qué dirección dar a la vida? -se preguntaba con angustia. Y la gente, las cosas, el sol, le parecían sin realidad ante el problema planteado en su cerebro.

Que yo no tengo la culpa

Que yo no tengo la culpa,
que la culpa es de la tierra
y de ese olor que le sale
de los pechos y las trenzas.

Thursday, November 16, 2006

noción

Querido padre: (...) Siempre me ha resultado incomprensible tu absoluta insensibilidad para el dolor y la vergüenza que podías infligirme con tus palabras y tus valoraciones. Era como si no tuvieses noción de tu poder.

Wednesday, November 15, 2006

Qué hará ese

¿Qué hará ese en medio del campo,
escribiendo en medio del campo,
que ha parado su coche
y se ha puesto a escribir,
ése que a lo mejor soy yo?

Domestícame

Fue entonces cuando apareció el zorro:

-Buen día -dijo el zorro.

-Buen día –respondió cortésmente el principito, que se dio vuelta pero no vio a nadie.

-Estoy aquí –dijo la voz–, bajo el manzano...

-¿Quién eres? –dijo el principito. –Eres muy hermoso...

-Soy un zorro –dijo el zorro.

-Ven a jugar conmigo –le propuso el principito. –Estoy tan triste...

-No puedo jugar contigo –dijo el zorro. –No estoy domesticado.

-Ah, perdón –dijo el principito.

Pero, después de reflexionar, agregó:

-¿Qué significa "domesticar"?

-Es algo demasiado olvidado –dijo el zorro. –Significa "crear lazos...".

-¿Crear lazos?

-Claro –dijo el zorro. –Todavía no eres para mí más que un niño parecido a otros cien mil niños. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro parecido a otros cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Y yo seré para ti único en el mundo... Mi vida es monótona. Yo cazo gallinas, los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen, y todos los hombres se parecen. Me aburro, por eso, un poco. Pero, si me domesticas, mi vida resultará como iluminada. Conoceré un ruido de pasos que será diferente de todos los demás. Los otros pasos me hacen volver bajo tierra. Los tuyos me llamarán fuera de la madriguera, como una música. Y además, mira: ¿Ves, allá lejos, los campos de trigo? Yo no como pan. El trigo para mí es inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada. Y eso es triste. Pero tú tienes cabellos color de oro. Entonces, cuando me hayas domesticado será maravilloso. El trigo, que es dorado, me hará recordarte. Y me agradará el ruido del viento en el trigo...

-¿Qué hay que hacer? –dijo el principito.

-Hay que ser muy paciente –respondió el zorro. –Te sentarás al principio más bien lejos de mí, así, en la hierba. Yo te miraré de reojo y no dirás nada. El lenguaje es fuente de malentendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca...

Al día siguiente el principito regresó.

-Hubiese sido mejor regresar a la misma hora –dijo el zorro. –Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, ya desde las tres comenzaré a estar feliz. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. Al llegar las cuatro, me agitaré y me inquietaré; descubriré el precio de la felicidad. Pero si vienes en cualquier momento, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón...

Así el principito domesticó al zorro. Y cuando se aproximó la hora de la partida:

-Ah -dijo el zorro... -Voy a llorar.

-Es culpa tuya –dijo el principito-, yo no te deseaba ningún mal pero quisiste que te domesticara.

-Claro –dijo el zorro.

-¡Pero vas a llorar! –dijo el principito.

-Claro –dijo el zorro.

-Entonces no ganas nada.

-Sí gano –dijo el zorro–, a causa del color del trigo.

Tuesday, November 14, 2006

El gozo

La del alba sería cuando Don Quijote salió de la venta, tan contento, tan gallardo, tan alborozado por verse ya armado caballero, que el gozo le reventaba por las cinchas del caballo.

¿Está en ti, noche negra?

El corazón
que tenía en la escuela
donde estuvo pintada
la cartilla primera,
¿está en ti,
noche negra?

(Frío, frío,
como el agua
del río)

El primer beso
que supo a beso y fue
para mis labios niños
como la lluvia fresca,
¿está en ti,
noche negra?

(Frío, frío,
como el agua
del río)

Mi primer verso.
La niña de las trenzas
que miraba de frente,
¿está en ti,
noche negra?

(Frío, frío,
como el agua
del río.)

Pero mi corazón
roído de culebras,
el que estuvo colgado
del árbol de la ciencia,
¿está en ti,
noche negra?

(Caliente, caliente,
como el agua
de la fuente.)

Mi amor errante,
castillo sin firmeza,
de sombras enmohecidas,
¿está en ti,
noche negra?

(Caliente, caliente,
como el agua
de la fuente.)

¡Oh gran dolor!
Admites en tu cueva
nada más que la sombra.
¿Es cierto,
noche negra?

(Caliente, caliente,
como el agua
de la fuente.)

de la guitarra

Empieza el llanto de la guitarra.
Se rompen las copas de la madrugada.
Es inútil callarla,
es imposible callarla.
Llora por cosas lejanas.
Llora monótona como llora el agua,
como llora el viento sobre la nevada.
Llora flecha sin blanco,
tarde sin mañana
y el primer pájaro muerto
sobre la rama.
Oh guitarra, corazón malherido
por cinco espadas

En la garganta

Me da su arado en el pecho
y su vida en la garganta

Tu nombre

Yo pronuncio tu nombre
en esta noche oscura
y tu nombre me suena
más lejano que nunca.

Una mujer morena

Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre tu cuna.

Monday, November 13, 2006

Quienquiera que no seas

Dog, Soid, Brausen, Elohim, quienquiera que no seas y dondequiera que no estés, señor de las bestias y de los gusanos, legislador de océanos y muchedumbres aniquiladas de hombres, dueño insensato de la ironía y de la destrucción y del azar, tú que la hiciste a la medida exacta de todos mis deseos, que modelaste su cara y sus manos y sus tobillos y la forma de sus pies, que me engendraste a mí y que me fuiste salvando día a día para que me hiciera hombre y la necesitara y la encontrara, no permitas que ahora la pierda, que me envenene el miedo o la costumbre de la decepción, guárdala para mí igual que guardaste a sus mayores para que la trajeran al mundo, y si a pesar de todo me la vas a quitar, no permitas la lenta degradación ni la mentira, fulmíname en el primer minuto de rencor o de tedio, que me quede sin ella y sufra como un perro pero que no me degrade confortablemente a su lado, que no haya tregua ni consuelo ni vida futura para ninguno de los dos, que las manos se nos vuelvan ortigas y tengamos que mirarnos el uno al otro como dos figuras de cera con los ojos de cristal, pero si es posible, concédenos el privilegio de no saciarnos jamás, alúmbranos y ciéganos, dicta para nosotros un porvenir del que por primera vez en nuestras vidas ya no queramos desertar.

Enlaces de interés

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Monday, November 06, 2006

Para que yo me llame

Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo mar y toda tierra,
fértiles vientres de mujer, y cuerpos
y más cuerpos fundiéndose incesantes
en otro cuerpo nuevo.
Solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.

Thursday, November 02, 2006

En la plaza

Hermoso es, hermosamente humilde y confiante, vivificador y profundo,
sentirse bajo el sol, entre los demás, impelido,
llevado, conducido, mezclado, rumorosamente arrastrado.
No es bueno
quedarse en la orilla
como el malecón o como el molusco que quiere calcáreamente imitar a la roca,
sino que es puro y sereno arrasarse en la dicha
de fluir y perderse,
encontrándose en el movimiento con que el gran corazón de los hombres palpita extendido.
Como ése que vive ahí, ignoro en qué piso,
y le he visto bajar por las escaleras
y adentrarse valientemente entre la multitud y perderse.
La gran masa pasaba, pero era reconocible el diminuto corazón afluido.
Allí, ¿quién lo reconocería? Allí con esperanza, con resolución o con fe, con temeroso denuedo,
con silenciosa humildad, allí él también
transcurría.
Era una gran plaza abierta, y había olor de existencia.
Un olor a gran sol descubierto, a viento rizándolo,
un gran viento que sobre las cabezas pasaba su mano,
su gran mano que rozaba las frentes unidas y las reconfortaba.
Y era el serpear que se movía
como un único ser, no sé si desvalido, no sé si poderoso,
pero existente y perceptible, pero cubridor de la tierra.
Allí cada uno puede mirarse y puede alegrarse y puede reconocerse.
Cuando, en la tarde caldeada, solo en tu gabinete,
con los ojos extraños y la interrogación en la boca,
quisieras algo preguntar a tu imagen,
no te busques en el espejo,
en un extinto diálogo en que no te oyes.
Baja, baja despacio y búscate entre los otros.
Allí están todos, y tú entre ellos.
Oh, desnúdate y fúndete, y reconócete.
Entra despacio, como el bañista que, temeroso, con mucho amor y recelo al agua,
introduce primero sus pies en la espuma,
y siente el agua subirle, y ya se atreve, y casi ya se decide.
Y ahora con el agua en la cintura todavía no se confía.
Pero él extiende sus brazos, abre al fin sus dos brazos y se entrega completo.
Y allí fuerte se reconoce, y se crece y se lanza,
y avanza y levanta espumas, y salta y confía,
y hiende y late en las aguas vivas, y canta, y es joven.
Así, entra con pies desnudos. Entra en el hervor, en la plaza.
Entra en el torrente que te reclama y allí sé tú mismo.
¡Oh pequeño corazón diminuto, corazón que quiere latir
para ser él también el unánime corazón que le alcanza!