Monday, February 23, 2009

Es extraño cómo pasa todo

Cierra la puerta. Coge tu abrigo y cuélgalo. Guarda las llaves dentro del bolso y dámelo.

Fúmate un cigarrillo recostada en el sofá, y dame una nueva oportunidad.

¿Quieres un trago? Pareces cansada... La casa es un lío, no tengo tiempo para ordenar.

Tienes que ver qué gracia tengo con el delantal, pelando patatas para guisar.

Es extraño cómo pasa todo. Me sorprendo hablando solo, diciendo tu nombre como si estuvieras aquí.

Si oculto tu ropa, me parece un robo. Si quito tus fotos, me parece poco. Me enfado contigo como si estuvieras aquí.

¿Cómo has estado? Cuéntame algo. ¿Cómo te va? ¿Sales con alguien? ¿Has encontrado la felicidad?

Recuerdo los domingos que solíamos pasar: pastitas para el té y nada más...

Como si estuvieras aquí. Es como si estuvieras aquí.

4 comments:

indecible said...

pOR rOQUE nARVAJA

emilia said...

Siempre me gustó mucho esa canción.

Cuqui Covaleda said...

por el sendero
a un lado y al otro
tantos desvíos

Aitor Suárez said...

¿Tiene alguien, a fines del siglo XIX, una idea clara de eso que los poetas de las edades fuertes llamaron inspiración? Si no, os lo diré yo: con sólo un resto de superstición en nuestro interior, no podríamos, desde luego, rechazar la posibilidad de ser solamente una en¬carnación, un portavoz, un medium de potencias superiores. Ése es el concepto de revelación, en el sentido de que, de pronto, con seguridad y fineza indecibles, algo bien visible y audible, algo que os estremece y trastorna hasta lo más mínimo de vuestro ser, describe simple¬mente un hecho. Se oye, sin tratar de oírlo; se toma sin tenerlo que pedir; como un relámpago surge un pensa¬miento, como algo necesario. No hay la menor duda al darle forma..., nunca he tenido que elegir. Un encanto, cuya formidable tensión se resuelve a veces en un to¬rrente de lágrimas, y en el cual el ritmo de la marcha ya se acelera, ya se retarda; un estado completamente fuera de uno mismo, con una conciencia clarísima de expe¬rimentar innumerables escalofríos y estremecimientos hasta la punta de los pies; una profundidad feliz en la que las cosas más dolorosas y más siniestras no producen efectos de contraste, sino que parecen indispensables, necesarias, como si fueran un color complementario en medio de esa superabundancia de luz, un instinto de re¬laciones rítmicas que abrazan vastos espacios donde las formas se despliegan..., la necesidad de un ritmo am¬plio, son casi la medida de la fuerza de la inspiración, como un contrapeso a la presión interior, a la tensión... Todo sucede fuera del dominio de la voluntad, en un desbordamiento sentimental de la libertad, de lo absolu¬to, de la fuerza, de la divinidad... Lo más característico es la necesidad de la imagen, de la metáfora; uno no se da cuenta de lo que es imagen o metáfora, sino que éstas se presentan como la expresión más adecuada, más justa y más sencilla. Se podría decir, en verdad, recordando una frase de Zarathustra, que los objetos, las cosas vienen so¬las para ofrecerse como metáforas ("Todas las cosas se presentan dócilmente en el discurso y lo acarician y lo adulan; pues quieren montarse sobre tus espaldas. Aquí cabalgas tú mismo sobre cada parábola, en marcha hacia la verdad. Aquí brotan todas las palabras del ser y to¬dos los secretos de esas palabras; el espíritu, el ser ente¬ro, quiere convertirse en palabra, todo el futuro quiere expresarse por ti"). Eso es lo que yo sé de la inspira¬ción; no dudo que tendríamos que remontarnos miles de años atrás para encontrar a alguien que pudiera decirme: "Eso es también lo que yo creo".

(NIETZSCHE)